miércoles, 2 de febrero de 2022

Tommy Galán Grullón: al país, a San Cristóbal especialmente




Al iniciar el viacrucis que me impuso el destino al verme involucrado en un escandaloso

expediente judicial, desde la sorpresa de aquel que lo desconoce tod,ome hice una

única pregunta: ¿qué hago yo aquí? Mientras más conocía de los motivos que se

aducían más razones encontré para preguntarme una y otra vez: ¿qué hago yo aquí?

Denuncié con todas mis fuerzas la obvia ausencia de motivos que justicaran mi

presencia en el juicio de semejantes eventos, pero el ruido le negó todo espacio a la

razón, el abuso venía precedido de la determinación de instrumentalizar mi presencia

con el empeño de ocultar afanosamente la ausencia de la verdad. Tenía un único

camino, recorrer las estaciones, esas que me postraron de parada en parada durante

casi cinco añosfrente al escarnio que humilla inconsciente y sin fundamento, dando por

sentado todo cuanto escucha, sin repararque, desde su ligereza, se lleva de encuentro

la justicia por la que tanto dice clamar.


Gracias aDios, eltiempo que no sedetiene,si bien no dispone de antídotos para silenciar 

el ruido,siempre está determinado a vencerlo, a esperar por el momento oportuno para

entronizar la verdad, para que sea ésta la que abra de par en par la justicia. Así pasó, 

casi media década en el que de forma dilatada y consistente se fue estableciendo mi



inocencia, prueba tras prueba, proceso tras proceso, quedó claro que la propia

acusación aportó la prueba de la legitimidad de mi patrimonio y la profesionalidad de

mis actuaciones como hombre público, que no le falló a suprovincia, San Cristóbal, ni al

país, ni a su familia.

El proceso está ahí, miles de horas de trabajo judicial están a disposición del público

interesado en conocer la verdad a través de actas y videoslocalizables hasta en lasredes

sociales, en la propia sentencia que asumió mi inocencia y consecuente descargo, una

majestuosa obra de orfebrería jurídica y ponderación probatoria de la que brota como

agua de manantial la verdad que hoy justica mi pregunta de entonces: ¿qué hacía yo

ahí?

He recibido conhumildad y gratitud la noticia de que la sentencia no será apelada, con

lo cual el propio ministerio público ha puesto punto nal a mi calvario, al que

injustamente se arrastró a mi adolorida familia. Acojo la decisión de la Procuraduría

General de la República como un gesto de respeto al meticuloso y honrado trabajo del

tribunal, como un reconocimiento silente de que nunca debí estar ahí, y de que

arrastrarme a la prolongación de este doloroso camino, terminaría por remarcar su

injusto error al asumir el abuso de involucrarme.

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